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Palabra Diaria

Sábado de la vigésima sexta semana del tiempo ordinario

Saturday, October 3, 2026 · in memory of Ben
Una devoción que sigue la Misa — no la sustituye.
Apertura

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Que la gracia y la paz de Dios nuestro Padre estén con todos ustedes en este día.

Acto Penitencial

Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.

♪ “Señor, Ten Piedad (30s Piano)” — A song for Ben
Liturgia de la Palabra
Primera Lectura · Job 42, 1-3. 5-6. 12-17
Job respondió al Señor: 'Sé que tú lo puedes todo y que ningún proyecto te es imposible. Yo hablaba de cosas que no entendía, de maravillas que me superan y que no conocía. Mis oídos habían oído hablar de ti, pero ahora mis ojos te han visto. Por eso me retracto y me arrepiento, sentado en el polvo y la ceniza'. El Señor bendijo los últimos días de Job más que los primeros. Llegó a tener catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas. Tuvo también siete hijos y tres hijas. A la primera la llamó Yemimá, a la segunda Quesiá y a la tercera Keren-Hapuc. En todo el país no había mujeres tan bellas como las hijas de Job, y su padre les dio una parte de la herencia junto con sus hermanos. Después de esto, Job vivió ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, a sus nietos y a sus bisnietos. Luego murió, anciano y lleno de días.
Salmo Responsorial · Salmo 118, 66. 71. 75. 91. 125. 130
♪ “Give thanks to the Lord for he is good” — Br Michael Herry fms — Marist Music
Evangelio · Lucas 10, 17-24
Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y dijeron: 'Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre'. Jesús les dijo: 'Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; nada les podrá hacer daño. Sin embargo, no se alegren de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo'. En aquel momento, Jesús se estremeció de alegría bajo la acción del Espíritu Santo y dijo: 'Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo sino el Padre, y quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar'. Después, volviéndose a sus discípulos, les dijo en privado: '¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! Porque les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron'.
Alleluia
♪ A song for Ben
R. Señor, que tu rostro brille sobre mí.
Homilía

Hay un momento en el libro de Job que siempre me ha parecido profundamente humano. Job, después de haber atravesado la tormenta más oscura que un hombre puede imaginar, después de haber perdido sus bienes, su salud y, lo más doloroso, a sus hijos, llega a un punto de quiebre y de revelación. Él dice: 'Había oído hablar de ti, pero ahora mis ojos te han visto'. Es una frase que encierra el misterio de nuestra vida aquí en la tierra. Durante mucho tiempo, conocemos a Dios de oídas, a través de las oraciones de otros, de los relatos de la Escritura o de la tradición de nuestra familia. Pero hay momentos, especialmente cuando el dolor nos atraviesa, en los que esa fe de oídas ya no es suficiente. Necesitamos ver. Necesitamos tocar. Necesitamos saber, con una certeza que no viene de la lógica, que Dios está allí.

Benjamin Vo, nuestro querido Ben, era un joven que vivía en la precisión de la lógica. Él amaba la estructura, el código, la arquitectura de los sistemas. Él entendía el mundo a través de la inteligencia, de esa mente brillante que podía descifrar la complejidad de la nube o la mecánica de un vuelo transoceánico con una naturalidad asombrosa. Pero, ¿saben? La genialidad de Ben no estaba solo en su mente, sino en su capacidad de asombro. Él era un chico que podía maravillarse ante la inmensidad del mundo, alguien que encontraba alegría en un simple ritual de 'spotting' en un aeropuerto, o en la emoción de un viaje compartido con su familia. Esa curiosidad suya, esa chispa que lo hacía preguntar, investigar y soñar con su 'Con Chim Airlines', era, en el fondo, una forma de buscar a Dios. Él buscaba la verdad en los sistemas, pero la encontraba en el amor de su familia.

Alan, Thao, Ryan… sé que en estos tres meses desde que Ben partió, han sentido que el mundo se ha vuelto un lugar sin sentido, un sistema que se ha roto. Sé que el silencio de la casa, la ausencia de su risa, la falta de ese diálogo sobre sus proyectos, se siente como una pregunta que Dios no responde. A veces, la mente, tan acostumbrada a buscar soluciones, se pierde en el laberinto de los 'por qué'. Se preguntan si hubo algo que se pudo hacer, si hubo una señal que se pasó por alto, si hubo una negligencia en el cuidado. Quiero decirles hoy, con la autoridad de la Palabra de Dios, que esa culpa no es de ustedes. Cuando los discípulos le preguntaron a Jesús por el hombre ciego de nacimiento, quién había pecado, si él o sus padres, Jesús fue tajante: 'Ni él, ni sus padres'. La enfermedad, el sufrimiento, la partida de un ser querido, no son un castigo, no son una falla en su amor, no son el resultado de algo que ustedes dejaron de hacer. Ustedes fueron para Ben el refugio, la luz, el amor incondicional que todo hijo necesita. Dios no los acusa. Dios no busca culpables. Dios, en su infinita misericordia, simplemente los abraza. No se carguen con una culpa que no les pertenece. Suelten esa piedra. Ustedes hicieron todo lo que el amor humano podía hacer, y Dios, que es el autor de la vida, sabe que ese amor fue perfecto.

Jesús, en el Evangelio de hoy, nos dice algo que parece desconcertante: 'No se alegren de que los espíritus se les sometan, alégrense de que sus nombres estén escritos en el cielo'. Es una invitación a dejar de mirar los resultados, los logros, la lógica de este mundo, y a empezar a mirar la realidad eterna. Ben no es recordado por sus títulos, ni por su capacidad técnica, aunque era brillante. Él es recordado por el movimiento de su alma. ¿Recuerdan aquel impulso de su corazón cuando, al enterarse de la enfermedad de su tío William, quiso ofrecer todo lo que tenía, su alcancía entera, para ayudar? No importó que no fuera necesario, que el dinero no fuera el remedio. Lo que importa es el movimiento de su alma: un niño de quince años que, ante el dolor ajeno, no se protege, no se guarda nada, sino que se ofrece por completo. Ese es el corazón de un discípulo. Ese es el corazón de Ben.

Imaginen por un momento a Ben, con esa sonrisa que mostraba sus brackets, esa sonrisa que iluminaba cualquier reunión familiar, ya sea en la iglesia de La Vang o en una caminata por el barrio. Él no era un niño que se guardaba para sí mismo. Él era un niño que se entregaba. Ese es el nombre que está escrito en el cielo. El nombre de alguien que amó sin medida. Y es ahí, en ese cielo abierto del que habla Jesús, donde Ben descansa ahora. Él, que amaba la aviación, que soñaba con volar, ha alcanzado el destino final. Él está en la presencia de Dios, donde su curiosidad infinita finalmente ha encontrado la respuesta a todos los misterios que le apasionaban. Él no está lejos. Él está en el corazón de Dios.

Ryan, hermano, tú eres el guardián de esa luz aquí en la tierra. Sé que a veces sientes que el equipo está incompleto, que falta el copiloto en la cabina de la vida. Pero piensa en lo que Jesús dice hoy: el cielo está abierto. Ben no se ha ido a una distancia infinita; él ha cruzado el umbral hacia la luz que es más brillante que mil soles. Él sigue siendo tu hermano. Él sigue compartiendo contigo esa pasión por la vida, por los aviones, por el futuro. Cuando sientas que el mundo es muy silencioso, cierra los ojos y recuerda: el cielo no está cerrado. Él está ahí, en la luz de Dios, animándote a seguir volando, a seguir siendo valiente, a seguir siendo el chico maravilloso que eres. No tengas miedo de ser feliz, de reír, de seguir adelante. Ben estaría orgulloso de verte vivir con la misma pasión con la que él vivió. Él te acompaña en cada momento, en cada desafío, en cada pequeña victoria. Nunca estás solo.

Quiero hablarles a todos los que hoy cargan con una ausencia, a todas las familias que, como la de Ben, se preguntan cómo seguir cuando una parte del corazón parece haberse ido al cielo. La respuesta de Jesús no es una explicación teológica; es un abrazo. Es la invitación a hacerse pequeños, a reconocer que no necesitamos tener todas las respuestas para ser amados por Dios. Dios no nos pide que seamos fuertes todo el tiempo; nos pide que seamos honestos con nuestra fragilidad. Cuando se sientan abrumados por la tristeza, cuando la noche se haga larga, recuerden que hay ángeles que los rodean, que hay una presencia que sostiene tanto sus vidas como la vida de Ben. Dios no envía el dolor, pero Dios es el primero en llorar con ustedes, y es el primero en recoger cada lágrima para convertirla en una perla de consuelo.

Ben dejó una huella que no se borra. Su amor sigue fluyendo, no solo en sus corazones, sino en el mundo, como esa agua que brota del pozo en Cà Mau, dando vida a quienes más lo necesitan. Su legado no es una lista de logros, sino una estela de bondad. Cada vez que ustedes actúan con misericordia en su nombre, cada vez que perdonan, cada vez que cuidan de alguien que sufre, están haciendo que Ben siga presente, que su luz siga brillando en medio de las sombras. No busquen a Ben en el pasado; búsquenlo en el presente, en la vida que ustedes siguen honrando con su entereza. Él no es un recuerdo; él es una presencia viva en la comunión de los santos.

Al salir de aquí, no busquen resolver el misterio de la vida hoy. Solo les pido un pequeño gesto: busquen una forma de ser 'niños' ante Dios. Quizás sea simplemente decir: 'Señor, no entiendo, pero confío en ti'. O quizás sea hacer un pequeño favor a alguien, sin esperar nada a cambio, solo por amor, como Ben lo hacía. Al hacerlo, verán que el amor es más fuerte que la muerte, que el cielo no es un lugar lejano, sino una realidad que se hace presente en cada acto de caridad. La Virgen María, que estuvo al pie de la cruz y vio a su Hijo entregarse por nosotros, sabe mejor que nadie lo que es el dolor de una madre y de un padre. Ella los sostiene. Ella los cubre con su manto. No tengan miedo de llorar, pero tampoco tengan miedo de esperar. Porque llegará el día en que, bajo el cielo abierto, se volverán a encontrar para siempre. Y en ese encuentro, no habrá más preguntas, solo la plenitud de un abrazo que durará toda la eternidad. Mientras tanto, sigan adelante. Sigan siendo la familia que Ben amó. Él está bien. Él es feliz. Y él, desde la luz, los espera con esa sonrisa que nunca se apagó, con esa curiosidad que ahora conoce todos los secretos del cielo. Que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, los guarde en su amor hoy y siempre.

Meditación
♪ “Un Solo Latido (Liturgical Style)” — A song for Ben
Oración de los Fieles

For the intentions entrusted to Ben on our prayer wall:

“Ben, en sueños anh Huy te vio venir a visitarlo, entregándole una oración para que los dos nos volvamos a encontrar. Que el Señor escuche tus ruegos y te conceda la paz eterna a Su lado. Si es posible, vuelve a visitar a anh Huy en sus próximos sueños, aunque solo sea con un saludo o una sonrisa tan entrañable como siempre.”
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Hoy se cumplen 100 días sin ti. Te extraño muchísimo, Ben. ¡Siéntete libre de visitarnos en cualquier momento! ¡Nos vemos por ahí, amigo! ¡Te quiero!” — Dad
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Ben, hoy M fue a tramitar unos documentos en Cam Ranh y pasó por Cam Ranh Airport. De repente, los recuerdos de nuestras charlas sobre aviones volvieron a inundarme; recuerdo muchos momentos contigo (M los guardará en secreto jajaja). Pequeño travieso, de repente pensar en ti me pone terriblemente triste. Ve a los lugares a los que quieras ir, Ben, y no olvides recordar siempre a nuestra familia; te quiero mucho, hermanito. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Si tan solo... !!!!!!!!!”
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“¿Qué pasó, hijo mío? Hace 3 meses que nos dejaste. Te extraño tanto que me duele todo el cuerpo. Mamá llora todos los días ahora... ¿Qué vamos a hacer ahora, Ben? Por favor, reza por nosotros.” — Dad
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Hola Ben, Rafael Rizzo y su hermano pequeño Ben de verdad necesitan tu ayuda en este momento. Por favor, bendícelos con buena salud y dales la fuerza para superar esto juntos. Por favor, cuida también de la salud de Brandon y Flor. Te extraño muchísimo. Sé que estás allá arriba en el cielo cuidando de todos nosotros. Cuando puedas, pásate a visitar, ¿sí? ¡Te amo y te extraño muchísimo!” — Dad
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Hola Ben - te extraño muchísimo. Ayer lloré todo el día, espero que hoy sea mejor. Por favor, guía a nuestra familia a través de este dolor... Hay un chico de 14 años que acaba de dejar la Tierra el 12 de agosto... Su nombre es Phero Aden Vo - búscalo, tal vez puedan ser amigos... Por favor, reza por mí y por mamá para que tengamos buena salud y fortaleza. Te amo y te extraño, Ben” — Dad
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Hola Ben, Trustin te visitó hoy y te dejó unas tarjetas de aviones—las estamos poniendo en tu habitación para ti. Por favor, reza por Trustin y su familia para que se mantengan sanos y fuertes. Sé un ángel de la guarda para Trustin y Ryan mientras van a la escuela, y ayuda a guiar sus pasos en cada año por venir.” — Dad
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.
“Ben, trabajando todo el día hasta la noche, cuando me preparo para ir a dormir y me acuesto un rato, vuelvo a extrañarte, recordando las cosas que hablábamos entre nosotros. Al pensar en ti, me siento muy triste. Ben, por favor vela siempre por papá, mamá y Ryan y reza por ellos; las lágrimas que fluyen hacia adentro son mucho más terribles que las que caen hacia afuera, Ben.”
… lo confiamos a Ben, para que lo lleve al Señor.
℟ Ben, ruega por nosotros.

🕯 Enciende tu propia oración en el muro de oración →

Padre Nuestro

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Comunión Espiritual
Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Pero como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya te hubiera recibido, te abrazo y me uno todo a ti. No permitas, Señor, que jamás me separe de ti.
Canto de Comunión
♪ “Sacrificio de Amor (Version B)” — A song for Ben
Bendición Final

Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre. Pueden ir en paz.

✝ Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Canto de Despedida
♪ “Tú Vas Conmigo (Version A: Thánh Ca)” — A song for Ben
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